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Usted, su París; y el resto del mundo.

En mis condiciones actuales me es imposible ofrecerle algo pero intentando convencerle y tentando a una buena fortuna que jamás he conocido quiero, sin esperanza o pretensión ni siquiera ambición alguna ofrecerle un trato: Le cambio su porte francés por mi acento mexicano le cambio su "Si tu vois ma mere" por mi "En el último trago" (haga de cuenta por mi que usted no pierde nada) le cambio sus hermosos ojos oscuros que están detrás de esos lentes con los que usted tanto pelea y tanto odia y yo tanto amo, por mi calvicie prematura Le cambio aquel camisón color y olor cielo por mi sombrero gris le cambio una vez mas mi capuchino vainilla francesa por ir una noche mas a su apartamento y no dormir Le cambio su narrativa por mi lírica le cambio su "Rayuela" por mi "Horal" le cambio su Cortàzar por mi Sabines Y para no hacérsela mas larga le cambio su fascinante presencia por mi espantosa realidad le cambio su hermosísima existencia por mi infinita so...

Rayuela capítulo 5

La primera vez había sido un hotel de la rue Valette, andaban por ahí vagando y parándose en los portales, la llovizna después del almuerzo es siempre amarga y había que hacer algo contra ese polvo helado, contra esos impermeables que olían a goma, de golpe la Maga se apretó contra Oliveira y se miraron como tontos, HOTEL, la vieja detrás del roñoso escritorio los saludó compasivamente y qué otra cosa se podía hacer con ese sucio tiempo. Arrastraba una pierna, era angustioso verla subir parándose en cada escalón para remontar la pierna enferma mucho más gruesa que la otra, repetir la maniobra hasta el cuarto piso. Olía a blando, a sopa, en la alfombra del pasillo alguien había tirado un líquido azul que dibujaba como un par de alas. La pieza tenía dos ventanas con cortinas rojas, zurcidas y llenas de retazos; una luz húmeda se filtraba como un ángel hasta la cama de acolchado amarillo. La Maga había pretendido inocentemente hacer literatura, quedarse al lado de la ventana fingiendo mir...

Rayuela capítulo 6

La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a tinta de la imprenta acababa con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mir...

Rayuela capítulo 21

A todo el mundo le pasa igual, la estatua de Jano es un despilfarro inútil, en realidad después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás. Es lo que se llama propiamente un lugar común. Nada que hacerle, hay que decirlo así, con las palabras que tuercen de aburrimiento los labios de los adolescentes unirrostros. Rodeado de chicos con tricotas y muchachas deliciosamente mugrientas bajo el vapor de los cafés créeme de Saint-Germain-des-Prés, que leen a Durrell, a Beauvoir, a Duras, a Douassot, a Queneau, a Sarraute, estoy yo un argentino afrancesado (horror horror), ya fuera de la moda adolescente, del cool, con en las manos anacrónicamente Etes-vous fous? De René Crevel, con en la memoria todo el surrealismo, con en la pelvis el signo de Antonin Artaud, con en las orejas las Ionisations de Edgar Varèse, con en los ojos Picasso (pero parece que yo soy un Mondrian, me lo han dicho). -Tu sèmes des syllabes pour récolter des étoiles –m...