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Mostrando las entradas con la etiqueta Libros

"Sangre en el zafir" de Mario Jaime (frases)

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° Aún más importante, conoces tus mandíbulas que impulsadas salen de tu boca. Saborean, desde la piel hasta la consistencia de sí mismas. Sus bordes dentados y cúspides, mientras destazan el lomo, los pedazos van en dirección contraria a la ruta del pensamiento original. [...] Sin restos de la carnicería, el latido indetectable de la fuerza materna te protege. Este será el único momento de paz total en tu devenir futuro. ° La belleza duele. ° En tu primera natación, torpe y veloz, el azul más azul de los azules pulen tus ojos. Lo amarás tanto que lo convertirás en tu numen. Una forma ingente va perdiéndose, dejando u rastro de sangre compartida. Despidiéndose de ti sin voltear, diciéndote adiós con el sereno bamboleo de su cola. Era tu madre. ° Nunca justificarás lo que te hiere. ° Así que esto es nacer; tener miedo, estar solo, ser vulnerable, no entender, no saber y desesperarse, nadar sin descanso, pero todo ello cansa. ° Sabrás lo irritante que es tocar un pez globo. Ahora, sólo ap...

Fragmento de "Dónde estás, bello mundo" de Sally Rooney

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Hace un par de noches, volví a casa en taxi después de una presentación. Las calles estaban silenciosas y oscuras, el aire curiosamente quieto y templado, y en los muelles los edificios de oficinas estaban todos iluminados por dentro, y vacíos, y por debajo de todo, por debajo de la superficie  de todo, comencé a sentirlo de nuevo: la cercanía, la posibilidad de belleza, como una luz irradiando suavemente desde más allá del mundo visible, iluminándolo todo. En cuanto comprendí lo que estaba sintiendo, intenté avanzar hacia allí en mis pensamientos, alargar la mano y aislarlo, pero no hacía más que enfriarse un poco, o escapárseme, o escurrirse aún más lejos. Las luces de las oficinas vacías me habían recordado algo, y me había puesto a pensar en ti, a tratar de imaginar tu casa, creo, y recordé  que me habías escrito un email, y al mismo tiempo iba pensando en Simón, en el misterio de su ser, y por algún motivo, mientras miraba por la ventanilla del taxi, empecé a pensar en su...

La bicicleta, por Valeria Luiselli

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*Texto extraído del libro de ensayos  Papeles falsos . _____________________________________ Guarde su distancia La bicicleta está a medio camino entre el automóvil y el zapato; su ligereza permite a quien va en ella rebasar las miradas peatonales y ser rebasado por las miradas a motor.  Así, el ciclista es dueño de una libertad extraordinaria: la invisibilidad. La naturaleza híbrida de su vehículo lo coloca al margen de toda vigilancia. El único enemigo declarado del ciclista es el perro, animal obscenamente programado para perseguir cualquier objeto que se mueva más rápido que él. Y claro, también son peligrosas las bestias que conducen automóviles. Aun así, el ciclista es suficientemente invisible como para lograr lo que el peatón no puede: pasear en soledad y abandonarse al curso al curso de sus meditaciones. Cada bicicleta se ajusta, además, a las necesidades de su dueño. Existen bicicletas para todos los temperamentos: las hay melancólicas, emprendedoras, ejecutivas, sal...

Papeles falsos, de Valeria Luiselli. (Fragmentos)

<<Cosas, cosas y más cosas, y ningún lugar en donde estar>> Robert Creeley La mirada -que no es más que una extensión, una mano de la mente- se complace y entretiene rellenando espacios huecos. Quizá sea esta inclinación por llenar lo ausente, por contemplar lo incompleto, una mera malformación del alma humana. Los libros en las estanterías se ven bonitos y sugieren preguntas, es cierto, pero aquellos que han salido de su sueño vertical tienen vida propia. Un libro sobre la cama es un compañero discreto, un amante de paso; otro, en la mesa de noche, un interlocutor; el que está sobre el sillón, una almohada para la siesta; el que lleva una semana en el asiento del copiloto, un compañero fiel de viaje. Algunos libros se olvidan. Se olvidan en el baño o en la cocina durante un rato. Son remplazados por otros cuando por fin los consume nuestra indiferencia. Otros reclaman con más vehemencia. Basta con volver a saltar entre sus párrafos. Los pocos que si leemos, serán lugar...

Desierto Sonoro (fragmento)

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Durante los siguentes veinte minutos, más o menos, vamos todos en silencio en el coche, escuchando las canciones que se suceden en modo aleatorio, mirando por las ventanillas un paisaje herido por décadas o tal vez siglos de agresión agropecuaria sistemática: campos partidos en parcelas cuadrangulares, violados por perforadoras y maquinaria pesada, hipertrofiados con semillas modificadas e inyectados con pesticidas, donde los árboles raquíticos sostienen frutos robustos e insípidos para exportación; campos encorsetados para una circunscripción de cultivos de plantas herbáceas, organizados en patrones que recuerdan el infierno de Dante, irrigados con sistemas de riego de pivote central; y campos convertidos en no-campos, soportando el peso del cemento, los paneles solares, tanques y molinos gigantescos. Atravesamos una franja de tierra punteada con cilindros cuando suena de nuevo la canción de <<firefly mode>>. De pronto el niño se aclara la garganta y anuncia que tiene algo...

Extracto de Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño. (III)

Andrés Ramírez, bar El Cuerno de Oro, calle Avenir, Barcelona, diciembre de 1988. Mi vida estaba destinada al fracaso, Belano, así como lo oye. Salí de Chile un lejano día de 1975, para más datos el 5 de marzo a las ocho de la noche, escondido en las bodegas del carguero Napoli, es decir como un polizonte cualquiera, y sin saber cuál sería mi destino final. No lo voy a aburrir con los accidentes más o menos desgraciados de mi singladura, sólo le diré que yo era trece años más joven y que en mi barrio de Santiago (La Cisterna, para más señas) me conocían con el cariñoso apelativo de Súper Ratón, en recuerdo de aquel gracioso y justiciero animalito que tantas tardes infantiles nos alegrara. En una palabra, que un servidor estaba preparado, al menos físicamente, como suele decirse, para aguantar todas las vicisitudes de un viaje de tal calibre. Pasemos por alto el hambre, el miedo, el mareo, los contornos ora borrosos ora monstruosos con que el incierto destino se me presentaba. Nunca fal...