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"Belmont" de Lázaro Cristóbal Comala: el padre, el hijo; y Daniel.

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Quizá la forma más honesta de empezar a escribir este texto es diciendo que lastimosamente no tengo mucho de conocer la música de Lázaro . Lo descubrí hace poco más de 2 años, gracias a mi amigo José Luis Cano, cuando estaba preparando un personaje para una película independiente que hice en Baja California Sur (y que muy pronto por fin la podremos estrenar), y fue desde ese momento que descubrí en toda sus canciones hasta ese momento una tristeza que vivía dentro de mi desde que tengo memoria, y que no había conocido o comprendido del todo, o a la cual no había sabido como nombrar. Para muchos artistas (me podría incluir dentro de ellos) se trabaja mejor desde el sufrimiento, o mejor dicho, desde un sufrimiento primario. Luego, se empieza a crear a partir de este, sin la necesidad de ser un masoquista o un creador de método , aunque también muchos llegamos a serlo de acuerdo a lo que queremos o nos pide la obra, que en realidad esas cosas ni siquiera se puede planear, la inspiración l...

8 de noviembre, 10 de noviembre (Los detectives salvajes)

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He descubierto un poema maravilloso. De su autor, Efrén Rebolledo (1877- 1929), nunca me dijeron nada en mis clases de literatura. Lo transcribo: El vampiro Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos por tus cándidas formas como un río, y esparzo en su raudal, crespo y sombrío, las rosas encendidas de mis besos. En tanto que descojo los espesos anillos, siento el roce leve y frío de tu mano, y un largo calosfrío me recorre y penetra hasta los huesos. Tus pupilas caóticas y hurañas destellan cuando escuchan el suspiro que sale desgarrando las entrañas, y mientras yo agonizo, tú sedienta, finges un negro y pertinaz vampiro que de mi sangre ardiente se sustenta. La primera vez que lo leí (hace unas horas) no pude evitar encerrarme con llave en mi cuarto y proceder a masturbarme mientras lo recitaba una, dos, tres, hasta diez o quince veces, imaginando a Rosario, la camarera, a cuatro patas encima de mí, pidiéndome que le escribiera un poema para ese ser querido y añorado o rogándome que la clava...

"La noche de los feos", de Mario Benedetti.

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Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia. Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro. Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En l...

Extracto de Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño. (III)

Andrés Ramírez, bar El Cuerno de Oro, calle Avenir, Barcelona, diciembre de 1988. Mi vida estaba destinada al fracaso, Belano, así como lo oye. Salí de Chile un lejano día de 1975, para más datos el 5 de marzo a las ocho de la noche, escondido en las bodegas del carguero Napoli, es decir como un polizonte cualquiera, y sin saber cuál sería mi destino final. No lo voy a aburrir con los accidentes más o menos desgraciados de mi singladura, sólo le diré que yo era trece años más joven y que en mi barrio de Santiago (La Cisterna, para más señas) me conocían con el cariñoso apelativo de Súper Ratón, en recuerdo de aquel gracioso y justiciero animalito que tantas tardes infantiles nos alegrara. En una palabra, que un servidor estaba preparado, al menos físicamente, como suele decirse, para aguantar todas las vicisitudes de un viaje de tal calibre. Pasemos por alto el hambre, el miedo, el mareo, los contornos ora borrosos ora monstruosos con que el incierto destino se me presentaba. Nunca fal...