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Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura

"Sangre en el zafir" de Mario Jaime (frases)

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° Aún más importante, conoces tus mandíbulas que impulsadas salen de tu boca. Saborean, desde la piel hasta la consistencia de sí mismas. Sus bordes dentados y cúspides, mientras destazan el lomo, los pedazos van en dirección contraria a la ruta del pensamiento original. [...] Sin restos de la carnicería, el latido indetectable de la fuerza materna te protege. Este será el único momento de paz total en tu devenir futuro. ° La belleza duele. ° En tu primera natación, torpe y veloz, el azul más azul de los azules pulen tus ojos. Lo amarás tanto que lo convertirás en tu numen. Una forma ingente va perdiéndose, dejando u rastro de sangre compartida. Despidiéndose de ti sin voltear, diciéndote adiós con el sereno bamboleo de su cola. Era tu madre. ° Nunca justificarás lo que te hiere. ° Así que esto es nacer; tener miedo, estar solo, ser vulnerable, no entender, no saber y desesperarse, nadar sin descanso, pero todo ello cansa. ° Sabrás lo irritante que es tocar un pez globo. Ahora, sólo ap...

Fogata [Él]

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Esta parte de la historia, si soy honesto, es algo confusa. Recuerdo perfecto que salimos de la fiesta y para cuando estábamos en el coche no se escuchaba nada, y era extraño, porque digo, uno esperaría que, por ser el mes en el que estábamos, y por ser fin de semana, se escuchara la música estridente de alguna fiesta no tan recatada como en la que estábamos, o el sonido del viento entre los árboles, o algunos grillos, pero nada, había un silencio total, se sentía raro, ella empezó a reír como si hubiera fumado marihuana, yo también empecé a reír, le pregunté que si estaba nerviosa, o eso creo que hice, no sé porqué lo hice. Ella me dijo que no, entonces encendió el estereo y empezó a sonar justo donde se había quedado el disco de The Suburbs de Arcade Fire, ella dijo que le encantaba esa banda, todo el camino hacia mi casa nos fuimos cantando, hablamos muy poco. Cuando llegamos a casa, ella estaba muy ansiosa, inquieta; si no fuera porque era mayor que yo, diría que estaba nerviosa. I...

Fogata [Ella]

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Tenía entre 24 y 25 años, él. Yo tenía para entonces 31 años. No tenía mucho tiempo de haber salido de la universidad, él. Yo ya había publicado una novela y un libro de cuentos, y estaba en una especie de crisis porque quería escribir otra novela pero no había ideas en mi cabeza en ese momento para desarrollar. Él había ido a la fiesta porque un amigo muy cercano de mi esposo, y no muy cercano de él lo había invitado con tal de que lo llevara en su coche. Tenía una de esas SUV´s muy cómodas color guinda, aún puedo sentir la textura acolchonada de su sillón trasero. Yo sabía de él, quién no sabía de él en aquella fiesta, aunque la gran mayoría no lo conocíamos en persona y jamás habíamos cruzado una palabra con él, sabíamos de él. Había publicado un par de cuentos realmente impresionantes en la revista literaria de la universidad mientras aún era estudiante, a mí me los había compartido una amiga mía que era su maestra y debo decir que cuando leí el primero que le publicaron, sentí alg...

Fragmento de "Dónde estás, bello mundo" de Sally Rooney

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Hace un par de noches, volví a casa en taxi después de una presentación. Las calles estaban silenciosas y oscuras, el aire curiosamente quieto y templado, y en los muelles los edificios de oficinas estaban todos iluminados por dentro, y vacíos, y por debajo de todo, por debajo de la superficie  de todo, comencé a sentirlo de nuevo: la cercanía, la posibilidad de belleza, como una luz irradiando suavemente desde más allá del mundo visible, iluminándolo todo. En cuanto comprendí lo que estaba sintiendo, intenté avanzar hacia allí en mis pensamientos, alargar la mano y aislarlo, pero no hacía más que enfriarse un poco, o escapárseme, o escurrirse aún más lejos. Las luces de las oficinas vacías me habían recordado algo, y me había puesto a pensar en ti, a tratar de imaginar tu casa, creo, y recordé  que me habías escrito un email, y al mismo tiempo iba pensando en Simón, en el misterio de su ser, y por algún motivo, mientras miraba por la ventanilla del taxi, empecé a pensar en su...

Corto comentario sobre "Páradais" de Fernanda Melchor.

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La más reciente novela de la escritora mexicana Fernanda Melchor, cuyo título lleva  Páradais , me ha parecido una novela más que nada, digna de comentarse, por muchos elementos que la hacen de un valor único y excepcional, pero antes de abordar todo lo que quiero escribir sobre ella, me parece que lo pertinente para empezar este pequeño y modesto análisis, es dejar algo bien claro: me parece que esta obra está muy por debajo en menor circunstancia a su anterior obra, la potente y aclamada  "Temporada de huracanes" . De ante mano cabe resaltar que aún con que la considero menor a su trabajo anterior, esta está magníficamente escrita, quizá la cosa que para mí la hace menor, es que la forma en que es narrada su obra más reciente hace que pierda mucha de la fuerza que tiene el relato, aunque esto también quizá se deba al hecho de que era precisamente lo que la autora quería con ella, y al final queda eso de manifiesto. La novela narra la vida y las pericias de Polo a raíz de qu...

8 de noviembre, 10 de noviembre (Los detectives salvajes)

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He descubierto un poema maravilloso. De su autor, Efrén Rebolledo (1877- 1929), nunca me dijeron nada en mis clases de literatura. Lo transcribo: El vampiro Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos por tus cándidas formas como un río, y esparzo en su raudal, crespo y sombrío, las rosas encendidas de mis besos. En tanto que descojo los espesos anillos, siento el roce leve y frío de tu mano, y un largo calosfrío me recorre y penetra hasta los huesos. Tus pupilas caóticas y hurañas destellan cuando escuchan el suspiro que sale desgarrando las entrañas, y mientras yo agonizo, tú sedienta, finges un negro y pertinaz vampiro que de mi sangre ardiente se sustenta. La primera vez que lo leí (hace unas horas) no pude evitar encerrarme con llave en mi cuarto y proceder a masturbarme mientras lo recitaba una, dos, tres, hasta diez o quince veces, imaginando a Rosario, la camarera, a cuatro patas encima de mí, pidiéndome que le escribiera un poema para ese ser querido y añorado o rogándome que la clava...

El guayabo.

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  "Te llevo en cada gota de mi sangre   y en el paso de mi andar.   No necesito arrinconarte,   ni antes de dormir besarte" _______________________________ Jamás hubo, hablando en términos estrictamente contundentes, un acontecimiento en mi vida que me haya creer en fantasmas. Sin embargo; creo que siendo niños podemos tener una relación muy cercana con fuerzas paranormales, o de otro mundo u otra dimensión si así quieren llamarlo. Por ejemplo la magia, y aunque hoy día no pueda decir que creo en la magia, he de aceptar que alguna vez creí en ella, o más que creer en ella, yo la sentía a diario, eso fue durante las dos vacaciones de verano que pase en la casa de mi tía Katia, el lugar más mágico sobre la faz de la tierra, o al menos el único lugar donde yo pude contemplar magia. Las primeras vacaciones la tuve a la edad de diez años, la segunda vez fueron diez años después. Sólo el recordar como el agua siempre estaba agitada, ya sea que estuviera en un vaso de agua,...

La bicicleta, por Valeria Luiselli

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*Texto extraído del libro de ensayos  Papeles falsos . _____________________________________ Guarde su distancia La bicicleta está a medio camino entre el automóvil y el zapato; su ligereza permite a quien va en ella rebasar las miradas peatonales y ser rebasado por las miradas a motor.  Así, el ciclista es dueño de una libertad extraordinaria: la invisibilidad. La naturaleza híbrida de su vehículo lo coloca al margen de toda vigilancia. El único enemigo declarado del ciclista es el perro, animal obscenamente programado para perseguir cualquier objeto que se mueva más rápido que él. Y claro, también son peligrosas las bestias que conducen automóviles. Aun así, el ciclista es suficientemente invisible como para lograr lo que el peatón no puede: pasear en soledad y abandonarse al curso al curso de sus meditaciones. Cada bicicleta se ajusta, además, a las necesidades de su dueño. Existen bicicletas para todos los temperamentos: las hay melancólicas, emprendedoras, ejecutivas, sal...

Papeles falsos, de Valeria Luiselli. (Fragmentos)

<<Cosas, cosas y más cosas, y ningún lugar en donde estar>> Robert Creeley La mirada -que no es más que una extensión, una mano de la mente- se complace y entretiene rellenando espacios huecos. Quizá sea esta inclinación por llenar lo ausente, por contemplar lo incompleto, una mera malformación del alma humana. Los libros en las estanterías se ven bonitos y sugieren preguntas, es cierto, pero aquellos que han salido de su sueño vertical tienen vida propia. Un libro sobre la cama es un compañero discreto, un amante de paso; otro, en la mesa de noche, un interlocutor; el que está sobre el sillón, una almohada para la siesta; el que lleva una semana en el asiento del copiloto, un compañero fiel de viaje. Algunos libros se olvidan. Se olvidan en el baño o en la cocina durante un rato. Son remplazados por otros cuando por fin los consume nuestra indiferencia. Otros reclaman con más vehemencia. Basta con volver a saltar entre sus párrafos. Los pocos que si leemos, serán lugar...

Desierto Sonoro (fragmento)

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Durante los siguentes veinte minutos, más o menos, vamos todos en silencio en el coche, escuchando las canciones que se suceden en modo aleatorio, mirando por las ventanillas un paisaje herido por décadas o tal vez siglos de agresión agropecuaria sistemática: campos partidos en parcelas cuadrangulares, violados por perforadoras y maquinaria pesada, hipertrofiados con semillas modificadas e inyectados con pesticidas, donde los árboles raquíticos sostienen frutos robustos e insípidos para exportación; campos encorsetados para una circunscripción de cultivos de plantas herbáceas, organizados en patrones que recuerdan el infierno de Dante, irrigados con sistemas de riego de pivote central; y campos convertidos en no-campos, soportando el peso del cemento, los paneles solares, tanques y molinos gigantescos. Atravesamos una franja de tierra punteada con cilindros cuando suena de nuevo la canción de <<firefly mode>>. De pronto el niño se aclara la garganta y anuncia que tiene algo...

"La noche de los feos", de Mario Benedetti.

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Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia. Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro. Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En l...

Extracto de Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño. (III)

Andrés Ramírez, bar El Cuerno de Oro, calle Avenir, Barcelona, diciembre de 1988. Mi vida estaba destinada al fracaso, Belano, así como lo oye. Salí de Chile un lejano día de 1975, para más datos el 5 de marzo a las ocho de la noche, escondido en las bodegas del carguero Napoli, es decir como un polizonte cualquiera, y sin saber cuál sería mi destino final. No lo voy a aburrir con los accidentes más o menos desgraciados de mi singladura, sólo le diré que yo era trece años más joven y que en mi barrio de Santiago (La Cisterna, para más señas) me conocían con el cariñoso apelativo de Súper Ratón, en recuerdo de aquel gracioso y justiciero animalito que tantas tardes infantiles nos alegrara. En una palabra, que un servidor estaba preparado, al menos físicamente, como suele decirse, para aguantar todas las vicisitudes de un viaje de tal calibre. Pasemos por alto el hambre, el miedo, el mareo, los contornos ora borrosos ora monstruosos con que el incierto destino se me presentaba. Nunca fal...