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A Letter.... (La importancia de las cartas)

Nunca he sabido si lo realmente importante de una carta es que la lean o simplemente escribirla. Por eso aunque sepa que ésta nunca llegará y jamás tendrá respuesta, la voy a escribir igual. No hay día que no piense en qué te diría si aún estuvieras aquí. No hay día que no piense en cómo sería abrazarte otra vez. No hay día que no piense en lo bonito que fue conocerte. No hay día que no me pregunte por qué te empeñaste en largarte tan joven. Tú siempre con tantas prisas. Hace poco fue 16 de diciembre. El día de mierda en el que te fuiste. El día de mierda en el que se fue un poco de todos. Igual por eso ya no me gusta tanto la navidad. Igual por eso cada vez soporto menos los días de mierda. Por aquí todo bien. Sé que ya lo sabes. ¿Crees que no te noto? Te siento aquí a mi lado siempre. Acompañando, viendo a veces como caigo y dándome un empujoncito para que me vuelva a levantar. Siempre he pensado que estar vivo no es lo mismo que vivir y, desde que te fuiste, también sé que estar mue...

Claudia

¿En qué piensas Juan? En nada, ¿por qué? No sé, es sólo que siempre estás tan callado, como pensando. Quizá será que soy muy serio. Quizá, o quizá sea también que en realidad si estás pensando en algo, sólo que no sabes en lo que estás pensando. ¿En qué estás pensando? Era una pregunta que muy habitualmente me hacía Claudia, mirándome desde su silla al lado de la caja registradora interrogando el porqué de mi silencio tan absorto y profundo cuando estaba sentado en la barra o mientras estaba enfrente del mostrador escribiendo algunas lineas tratando de componer música en aquellos años en servilletas o detrás de las hojas de publicidad que dejaban cada semana donde venía nuestro negocio junto con otros que jamás llegué a conocer. Esta pregunta sólo me la hacía cuando yo estaba de su lado, ya que mientras yo estaba trabajando de mi lado ella nunca cruzó salvo por algo realmente necesario o cuando me hablaba cuando había que cocinar algo, no era como esa Nanci que en cualquier momento mie...

Esos mejores amigos. (o las fotografías perdidas)

Si algo puedo agradecer en la vida y a la vida, sin duda son los amigos que he tenido. Que si bien no han sido muchos, o quizá si; han estado ahí siempre. Bueno, la verdad es que cuando uno habla sobre los amigos siempre hay de todo tipo, están los que nos hacen reír, con los que podemos llorar, los que han estado desde siempre, los que han estado desde ayer, están los que casi no ves pero es como si estuvieran siempre contigo, y están los que ves a diario como si fuera uno más de tu familia, están los de la distancia que no impide ese lazo, están los eventuales que nos ayudan a pasar los ratos. Y también están los que no conocemos en persona pero que igual son importantes, porque sabemos que nos escuchan (o en su caso nos leen). Muchos amigos son los que puedo mencionar que me han hecho ser una mejor persona y que han crecido junto conmigo, que han dejado algo de ellos en mi así como yo en ellos, también están los que han estado una temporada, pero que también me hacen recordar buenos...

Cosas que uno jamás olvida.

Uno de los momentos de mayor felicidad que he experimentado, no me pasó a mí, bueno en realidad si me pasó a mí porque lo miré (no lo vi pasar, lo miré fluir) y lo viví de cierta forma y en cierta perspectiva, pero yo no fui uno de los protagonistas, mucho menos alguien cercano a mi o alguien a quien quiera mucho, fue con un par de extraños que no rebasaban el metro y medio de altura (la verdad no sé porque menciono sus estaturas). Hace algunos años en los viajes que solía hacer muy constante (cada semana por lo general) por mi trabajo de agente de ventas y repartidor de mercancía, en una ocasión me tocó ir a Cabo San Lucas (lugar que al principio me emocionaba mucho y me gustaba ir, más por la condición misma de salir y viajar por la carretera, que por el lugar en sí. Una de las cosas que más amo en la vida es precisamente poder viajar por largos trayectos de tiempo en carretera –sobretodo porque suelo ser  el copiloto por mi necedad a no querer conducir hasta que sea estrictament...

Viceversa de Mario Benedetti

Tengo miedo de verte  necesidad de verte  esperanza de verte  desazones de verte  tengo ganas de hallarte  preocupación de hallarte  certidumbre de hallarte  pobres dudas de hallarte  tengo urgencia de oírte  alegría de oírte buena suerte de oírte  y temores de oírte  o sea  resumiendo  estoy jodido  y radiante  quizá más lo primero  que lo segundo  y también  viceversa.

Los Amorosos de Jaime Sabines

Los amorosos callan.  El amor es el silencio más fino,  el más tembloroso, el más insoportable.  Los amorosos buscan,  los amorosos son los que abandonan,  son los que cambian, los que olvidan.  Su corazón les dice que nunca han de encontrar,  no encuentran, buscan.  Los amorosos andan como locos  porque están solos, solos, solos,  entregándose, dándose a cada rato,  llorando porque no salvan al amor.  Les preocupa el amor. Los amorosos  viven al día, no pueden hacer más, no saben.  Siempre se están yendo,  siempre, hacia alguna parte.  Esperan,  no esperan nada, pero esperan.  Saben que nunca han de encontrar.  El amor es la prórroga perpetua,  siempre el paso siguiente, el otro, el otro.  Los amorosos son los insaciables,  los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.  Los amorosos son la hidra del cuento.  Tienen serpientes en lugar de brazos.  Las venas de...

"Espero Curarme de Ti" de Jaime Sabines

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, ...