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Rayuela capítulo 5

La primera vez había sido un hotel de la rue Valette, andaban por ahí vagando y parándose en los portales, la llovizna después del almuerzo es siempre amarga y había que hacer algo contra ese polvo helado, contra esos impermeables que olían a goma, de golpe la Maga se apretó contra Oliveira y se miraron como tontos, HOTEL, la vieja detrás del roñoso escritorio los saludó compasivamente y qué otra cosa se podía hacer con ese sucio tiempo. Arrastraba una pierna, era angustioso verla subir parándose en cada escalón para remontar la pierna enferma mucho más gruesa que la otra, repetir la maniobra hasta el cuarto piso. Olía a blando, a sopa, en la alfombra del pasillo alguien había tirado un líquido azul que dibujaba como un par de alas. La pieza tenía dos ventanas con cortinas rojas, zurcidas y llenas de retazos; una luz húmeda se filtraba como un ángel hasta la cama de acolchado amarillo. La Maga había pretendido inocentemente hacer literatura, quedarse al lado de la ventana fingiendo mir...

Rayuela capítulo 6

La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a tinta de la imprenta acababa con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mir...

Rayuela capítulo 21

A todo el mundo le pasa igual, la estatua de Jano es un despilfarro inútil, en realidad después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás. Es lo que se llama propiamente un lugar común. Nada que hacerle, hay que decirlo así, con las palabras que tuercen de aburrimiento los labios de los adolescentes unirrostros. Rodeado de chicos con tricotas y muchachas deliciosamente mugrientas bajo el vapor de los cafés créeme de Saint-Germain-des-Prés, que leen a Durrell, a Beauvoir, a Duras, a Douassot, a Queneau, a Sarraute, estoy yo un argentino afrancesado (horror horror), ya fuera de la moda adolescente, del cool, con en las manos anacrónicamente Etes-vous fous? De René Crevel, con en la memoria todo el surrealismo, con en la pelvis el signo de Antonin Artaud, con en las orejas las Ionisations de Edgar Varèse, con en los ojos Picasso (pero parece que yo soy un Mondrian, me lo han dicho). -Tu sèmes des syllabes pour récolter des étoiles –m...

Carta de F. Scott Fitzgerald a su hija.

Con motivo del cumpleaños número 117 del escritor  Scott Fitzgerald , la carta que le escribió a su hija Frances en 1933 se ha vuelto a viralizar. Hay opiniones muy distantes en cuanto a la ética y el valor de esta carta, ya que son consejos bastante fuertes y completamente anti-románticos (dirigidos a una niña de once años). Sin embargo no cabe duda que algunos de los consejos son lúcidos y valiosos. “Preocúpate por el valor”, “no te preocupes por el pasado”. Quizá, más bien, estamos acostumbrados a la suavidad y al tono inspirador de la mayoría de las  cartas de personas famosas a sus hijos , cartas donde nunca leeríamos “…voy a tomar al gato blanco y le voy a dar nalgadas fuertes,  seis veces por cada vez que seas impertinente .” La carta, también toma otro carácter si la leemos en el contexto de la biografía de Fitzgerald. Fue escrita un año después de que la madre de Frances, Zelda, fue hospitalizada por esquizofrenia; fue escrita siete años antes de que F. Scott mur...

A Letter.... (La importancia de las cartas)

Nunca he sabido si lo realmente importante de una carta es que la lean o simplemente escribirla. Por eso aunque sepa que ésta nunca llegará y jamás tendrá respuesta, la voy a escribir igual. No hay día que no piense en qué te diría si aún estuvieras aquí. No hay día que no piense en cómo sería abrazarte otra vez. No hay día que no piense en lo bonito que fue conocerte. No hay día que no me pregunte por qué te empeñaste en largarte tan joven. Tú siempre con tantas prisas. Hace poco fue 16 de diciembre. El día de mierda en el que te fuiste. El día de mierda en el que se fue un poco de todos. Igual por eso ya no me gusta tanto la navidad. Igual por eso cada vez soporto menos los días de mierda. Por aquí todo bien. Sé que ya lo sabes. ¿Crees que no te noto? Te siento aquí a mi lado siempre. Acompañando, viendo a veces como caigo y dándome un empujoncito para que me vuelva a levantar. Siempre he pensado que estar vivo no es lo mismo que vivir y, desde que te fuiste, también sé que estar mue...

Claudia

¿En qué piensas Juan? En nada, ¿por qué? No sé, es sólo que siempre estás tan callado, como pensando. Quizá será que soy muy serio. Quizá, o quizá sea también que en realidad si estás pensando en algo, sólo que no sabes en lo que estás pensando. ¿En qué estás pensando? Era una pregunta que muy habitualmente me hacía Claudia, mirándome desde su silla al lado de la caja registradora interrogando el porqué de mi silencio tan absorto y profundo cuando estaba sentado en la barra o mientras estaba enfrente del mostrador escribiendo algunas lineas tratando de componer música en aquellos años en servilletas o detrás de las hojas de publicidad que dejaban cada semana donde venía nuestro negocio junto con otros que jamás llegué a conocer. Esta pregunta sólo me la hacía cuando yo estaba de su lado, ya que mientras yo estaba trabajando de mi lado ella nunca cruzó salvo por algo realmente necesario o cuando me hablaba cuando había que cocinar algo, no era como esa Nanci que en cualquier momento mie...

Esos mejores amigos. (o las fotografías perdidas)

Si algo puedo agradecer en la vida y a la vida, sin duda son los amigos que he tenido. Que si bien no han sido muchos, o quizá si; han estado ahí siempre. Bueno, la verdad es que cuando uno habla sobre los amigos siempre hay de todo tipo, están los que nos hacen reír, con los que podemos llorar, los que han estado desde siempre, los que han estado desde ayer, están los que casi no ves pero es como si estuvieran siempre contigo, y están los que ves a diario como si fuera uno más de tu familia, están los de la distancia que no impide ese lazo, están los eventuales que nos ayudan a pasar los ratos. Y también están los que no conocemos en persona pero que igual son importantes, porque sabemos que nos escuchan (o en su caso nos leen). Muchos amigos son los que puedo mencionar que me han hecho ser una mejor persona y que han crecido junto conmigo, que han dejado algo de ellos en mi así como yo en ellos, también están los que han estado una temporada, pero que también me hacen recordar buenos...